UNA VISITA CON MUCHO ARTE


La semana pasada nos animamos a visitar un museo de arte. El interés de los niños por el arte, y en particular por la pintura no es momentáneo, sino que debemos despertar en ellos las ganas de ver cuadros, y más si se trata de arte contemporáneo como era nuestro caso.

Pienso que los niños entre 8 y 10 años están en el mejor intervalo de edad para comenzar a mostrarles un museo. Hay algo interesante en el hecho de acudir expresamente a un lugar con la intención de ver alguna cosa en especial.

Además, si un niño es capaz de interesarse por un libro con imágenes, es capaz de mirar cuadros e interesarse por ellos. La verdad que te dejan sorprendido de lo que finalmente perciben  de un cuadro.


Esta vez nos decidimos por un museo que no suponía un desplazamiento grande, desconocido para todos ellos y que alberga las obras de artistas como Pablo Picasso, Vasili Kandinsky, Mark Rothko, Eduardo Chillida, Pablo Palazuelo, Jorge Oteiza y Antoni Tapies entre otros. Concretamente visitamos el museo de la Universidad de Navarra.


La visita a un museo contemporáneo suponía un gran reto para nosotros, porque la gran mayoría de los cuadros que íbamos a encontrar eran abstractos, no imitan la realidad visual. No reproducen ni objetos, ni personajes, ni lugares. Los alumnos se iban a encontrar con una disposición de formas y colores, algo inusual para ellos.

No queríamos que la visita se ciñera solamente a visitar las diferentes salas, así que elegimos un programa educativo que hacía hincapié en desarrollar el artista que todos llevamos dentro y acertamos.

Antes de correr al interior, nos tomamos nuestro tiempo, comimos el almuerzo para retomar fuerzas y que la visita nos resultara más fácil.

Después, realizamos varias actividades relacionadas con las artes escénicas, interpretaron una canción gestual en inglés, bailamos y llevamos a cabo otras actividades de expresión corporal, que aprovechamos para descargar la adrenalina.


Más relajados, dimos comienzo a la visita de la exposición del Museo acompañados por los guías del mismo. La visita, cualquiera que sea el museo, supone un esfuerzo para los niños, así que no hay que intentar verlo todo, el programa al que nos acogimos, seleccionaba las obras más importantes, lo cual nos facilitaba las cosas.


Ir a una velocidad moderada, no hacer ruido, no tocar nada, son para ellos limitaciones. Es cien veces mejor mirar 5 minutos un cuadro que no estar una hora arrastrando a los niños de aquí para allá.


Vimos varios cuadros monocromos, pintados en un único color y como era de esperar, no tardaron en hacer comentarios: "Ahí no hay nada...” “Eso lo hace cualquiera.."


La excusa perfecta para explicarles que la imagen también constituye un lenguaje, aunque ellos no conocen aún su traducción. Esperan del arte hoy, las cualidades de técnicas antiguas y se encuentran con una pintura con trazos torpes, con aspecto sucio... Tenemos que explicarles que el autor expresa la soledad, la alegría, la tristeza... por medio de la expresividad y el movimiento de las formas y el color.


Se necesitan muchos años para que un artista se permita ese tipo de obra y exponerla ante la incomprensión del público. Hay un abismo entre hacer un cuadro y ser pintor. Para muestra un botón, así que para completar la mañana, nuestros alumnos realizaron un cartel para una exposición del Museo. Se guiaron de diferentes cuadros que habían visto y lo hicieron realmente bien.


Me gustaría destacar que fue de gran ayuda recibir en nuestro centro, la visita de los guías un día antes de acudir al museo. Explicaron a los alumnos lo que se iban a encontrar allí, recordaron las reglas que se deben de respetar y conocer de antemano a las personas que allí van a ser sus referentes, es todo un acierto


La visita fue todo un éxito, una experiencia muy enriquecedora para todos nosotros y un trato inmejorable. Es difícil, pero si tendía que elegir un momento especial de nuestra visita, me quedo con el momento en el que nuestros alumnos pudieron contemplar un Picasso de cerca, en un entorno calmado y con una descripción al detalle. Si no recuerdo mal, yo tuve que esperar hasta los 17 años para estar delante de uno. Así que aunque todavía no sean conscientes de ello, son unos afortunados.





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